Encontrar la alegría en los aromas.
La alegría en las personas mayores no es un lujo, es un derecho emocional y un determinante de salud. La neurociencia del bienestar ha demostrado que las emociones positivas favorecen la neuroplasticidad, sostienen procesos cognitivos y mitigan el deterioro asociado a la edad y a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer (Fredrickson, 2013). La estimulación olfativa, aplicada con criterio aromatológico, abre una vía privilegiada para acceder a recuerdos, identidades y emociones nutridas, constituyéndose como una herramienta terapéutica de gran valor.
Este artículo explora cómo la reminiscencia positiva evocada por aromas familiares, el diseño de perfiles aromáticos individualizados y el entrenamiento olfativo pueden contribuir a prevenir el deterioro cognitivo, sostener la identidad y nutrir la alegría vital en contextos geriátricos.

Neurociencia del olfato y la emoción
El sistema olfativo conecta de forma directa con la amígdala y el hipocampo, regiones cerebrales implicadas en la memoria emocional y el procesamiento afectivo (Herz, 2016). A diferencia de otros sentidos, el olfato no pasa por el tálamo antes de llegar a las áreas corticales, lo que explica la inmediatez e intensidad con la que un aroma despierta recuerdos y estados emocionales.
Estudios recientes muestran que la estimulación olfativa puede modular la actividad cerebral en regiones asociadas con el bienestar y la regulación emocional (Croy et al., 2020). En personas mayores, el olfato se convierte en una vía privilegiada para sostener funciones cognitivas residuales, activar circuitos de recompensa y facilitar experiencias emocionales positivas.
Aromas y reminiscencia positiva
La reminiscencia positiva se ha consolidado como una estrategia de intervención en geriatría para favorecer la autoestima, la identidad personal y la integración biográfica (Westerhof & Bohlmeijer, 2014). Cuando se asocia a estímulos olfativos, la evocación es más vívida y emocionalmente significativa que con imágenes o sonidos.
Por ejemplo, el aroma pan recien horneado puede llevar a una persona mayor con Alzheimer leve a evocar escenas familiares de infancia en la cocina, con un impacto inmediato en su estado de ánimo. La integración de protocolos de reminiscencia olfativa ha mostrado mejoras en la motivación, la comunicación y la disminución de síntomas de apatía (El Haj et al., 2018).
Prevención del deterioro cognitivo mediante estimulación olfativa
Diversas investigaciones han vinculado el entrenamiento olfativo con beneficios cognitivos en población mayor. Un ensayo clínico (Birte-Antina et al., 2018) demostró que la exposición regular a olores complejos durante 12 semanas mejoró significativamente la memoria verbal y la atención sostenida en personas de edad avanzada.
Además, déficits olfativos se consideran biomarcadores tempranos de enfermedades neurodegenerativas (Devanand et al., 2015). Por ello, incorporar protocolos de estimulación olfativa no solo favorece la calidad de vida, sino que también puede constituir una estrategia preventiva frente al deterioro cognitivo.
Perfiles aromáticos y afinidad aromática
La aromatología geriátrica contemporánea no propone mezclas generalizadas, sino el diseño de perfiles aromáticos individualizados a partir de la historia aromática de cada persona. Identificar aromas significativos en su biografía permite elaborar intervenciones personalizadas, basadas en la afinidad aromática, que favorecen la adherencia y potencian el efecto terapéutico.
Por ejemplo, una persona que de joven cultivaba un jardín mediterráneo puede resonar emocionalmente con aromas de romero, lavanda o albahaca. Otro residente que pasó su infancia cerca del mar puede conectar con notas salinas o con el hinojo marino. La clave está en la escucha biográfica y la adaptación olfativa.
Neuroplasticidad dirigida y emociones positivas
Las emociones positivas, incluida la alegría, inducen cambios neuroplásticos favorables. El modelo de ampliación y construcción de Fredrickson (2013) sostiene que los estados emocionales positivos expanden el repertorio cognitivo y conductual, fortalecen recursos internos y promueven resiliencia.
Cuando estas emociones se nutren a través de aromas significativos, se refuerzan conexiones sinápticas que sostienen la memoria autobiográfica y la regulación emocional. En este sentido, la estimulación olfativa se convierte en un catalizador de la neuroplasticidad dirigida hacia el bienestar.
Prácticas recomendadas en residencias y domicilios
- Difusión pasiva individualizada: uso de soportes absorbentes (tiras olfativas, pañuelos) para evitar la exposición masiva y respetar la afinidad aromática.
- Sesiones de reminiscencia olfativa guiada: en pequeños grupos o individualmente, vinculando aromas a relatos de vida.
- Entrenamiento olfativo progresivo: exposición diaria a un set de aromas seleccionados con fines preventivos.
- Participación activa del cuidador aromático: su presencia consciente, autorregulada y empática constituye el verdadero canal terapéutico.
Precauciones y limitaciones
- Evitar aceites esenciales irritantes o potencialmente tóxicos en población frágil.
- Adaptar intensidad y tiempo de exposición según tolerancia individual.
- Documentar respuestas emocionales y cognitivas para ajustar los protocolos.
En conclusión
Encontrar la alegría en los aromas no es una metáfora, sino una práctica fundamentada en la neurociencia del bienestar y en la experiencia clínica. La reminiscencia positiva, la estimulación olfativa y la creación de historias aromáticas personalizados constituyen un eje innovador de la aromatología geriátrica, capaz de sostener la identidad, prevenir el deterioro cognitivo y nutrir la alegría vital.
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Referencias
- Birte-Antina, W., et al. (2018). Olfactory training and cognitive performance in older adults. Frontiers in Aging Neuroscience, 10, 46. https://doi.org/10.3389/fnagi.2018.00046
- Croy, I., et al. (2020). Olfactory stimulation and emotional processing in aging. Neurobiology of Aging, 89, 101–110. https://doi.org/10.1016/j.neurobiolaging.2020.01.005
- Devanand, D. P., et al. (2015). Olfactory identification deficits predict cognitive decline and Alzheimer’s disease. Annals of Neurology, 78(3), 401–411. https://doi.org/10.1002/ana.24447
- El Haj, M., et al. (2018). Odor-evoked autobiographical memory in Alzheimer’s disease. Journal of Alzheimer’s Disease, 66(2), 589–600. https://doi.org/10.3233/JAD-180375
- Fredrickson, B. (2013). Positive emotions broaden and build. Advances in Experimental Social Psychology, 47, 1–53. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-407236-7.00001-2
- Herz, R. (2016). The role of odor-evoked memory in psychological and physiological health. Brain Sciences, 6(3), 22. https://doi.org/10.3390/brainsci6030022
- Westerhof, G. J., & Bohlmeijer, E. T. (2014). Reminiscence and mental health. Aging & Mental Health, 18(3), 222–232. https://doi.org/10.1080/13607863.2013.837144