Olfato en demencias: aromas naturales y memoria

Del “café para todos” a la aromatología geriátrica: por qué el olfato de cada persona mayor necesita su propio lenguaje

En muchas residencias se ha instalado la idea de que “poner un difusor” ya es trabajar el olfato. Se enciende un aparato en la sala, se perfuma toda la planta y se asume que ese aroma “relaja a todos”.

Estimulación olfativa desde la aromatología geriátrica.

Desde la aromatología geriátrica basada en evidencia, este enfoque de ambientación por difusión masiva no solo es poco eficaz, sino que puede ser contrario a lo que sabemos de neurociencia del olfato y de cuidado centrado en la persona.

El olfato no es un fondo neutro: es un canal directo hacia memoria, emoción y conducta. Y por eso necesita personalización, no “café para todos”.

El sistema olfativo: una vía directa y muy personal hacia memoria y emoción

El recorrido básico es conocido:

Moléculas olorosas → receptores olfativos → bulbo olfatorio → corteza piriforme → sistema límbico (amígdala e hipocampo)

  • La amígdala participa en el procesamiento emocional (agrado, miedo, rechazo, alerta).
  • El hipocampo participa en la memoria episódica y autobiográfica.

Esta vía es especialmente rápida y directa si la comparamos con otros sentidos. Por eso un aroma puede desencadenar en milésimas de segundo:

  • Un recuerdo de infancia.
  • Una sensación de seguridad o de amenaza.
  • Un cambio de conducta: acercarse, participar, evitar, agitarse.

En personas mayores y en demencias, donde el lenguaje falla, el olfato sigue siendo una de las puertas más disponibles para entrar en contacto con la biografía y el estado emocional.

Por qué la difusión ambiental “café para todos” no es la solución

La ambientación general por difusión tiene varias limitaciones importantes en geriatría:

  1. No respeta la historia aromática de cada persona
    Cada biografía tiene sus códigos:
    • Lo que para una residente huele a “hogar”, para otra puede oler a hospital o a limpieza agresiva.
    • Un mismo cítrico puede evocar verano feliz… o una época de trabajo duro y pérdida.
  2. Homogeneiza lo que debería ser individual
    En el mismo salón conviven personas con:
    • Preferencias aromáticas distintas.
    • Demencias en fases diferentes.
    • Sensibilidades respiratorias, cefaleas o náuseas que pueden dispararse con un aroma intenso.
  3. Riesgo de saturación sensorial
    En espacios cerrados, un difusor continuado puede:
    • Cansar el sistema olfativo.
    • Generar rechazo progresivo.
    • Dificultar la observación de respuesta real (ya no sabes quién reacciona a qué).
  4. Diluye el valor terapéutico del aroma
    Si el mismo olor está siempre de fondo, deja de funcionar como señal. Pierde su capacidad de actuar como “ancla” para memoria, calma o cooperación.

Por eso, desde Sentiressen, el mensaje es claro: no trabajamos con ambientación por difusión indiscriminada, aunque el producto sea “natural”. Trabajamos con aromas naturales usados como mediadores terapéuticos, uno a uno, persona a persona.

Aromas naturales y Aromateca Geriátrica Esencial: menos es más

La Aromateca Geriátrica Esencial reúne seis aceites esenciales seleccionados por su seguridad, tolerancia y efecto emocional predecible: limón, naranja dulce, geranio, lavanda fina, eucalipto radiata y vetiver.

No son seis aromas “para perfumar la residencia”, sino seis herramientas para:

  • Favorecer calma y reducir inquietud o agitación vespertina.
  • Activar atención y participación desde la memoria afectiva.
  • Facilitar la transición al descanso y la autorregulación emocional.

La clave está en cómo se usan:

  • Siempre olfacción pasiva, 1–2 gotas en un soporte (pañuelo, tira, piedra), nunca en piel ni mucosas.
  • A 10–15 cm de la nariz, respiración suave, observando la respuesta.
  • Intervenciones breves: 3 ciclos de 60–90 s con pausas.
  • Retirar ante cualquier molestia, cefalea, náusea, mareo, disnea o rechazo.

Este nivel de cuidado no encaja con un difusor encendido toda la tarde. Encaja con un profesional que se acerca, ofrece, observa y registra.

Personalización: la historia aromática por delante del aceite “estrella”

En aromatología geriátrica no trabajamos con el “mejor aceite para la ansiedad”, sino con la pregunta:

“¿Qué olor le calma a esta persona, con esta historia y este momento vital?”

Por eso la guía incluye un mini registro de historia aromática, donde se exploran:

  • Aromas preferidos.
  • Aromas rechazados.
  • Aromas con valor biográfico o evocador.

Este registro se completa en las primeras sesiones y se incorpora al PIA, igual que la historia ocupacional o los apoyos en marcha y alimentación.

Así, la intervención deja de ser genérica y se convierte en:

  • “Con Carmen utilizamos naranja dulce porque le recuerda los veranos en el pueblo y baja su inquietud.”
  • “Con José usamos vetiver en momentos puntuales de desorientación, porque le da sensación de ‘tierra firme’.”
  • “Con Ana evitamos lavanda porque la asocia a hospital.”

El olfato como relación, no como decoración

Trabajar con aromas naturales personalizados no es decorar el ambiente. Es:

  • Tomarse el tiempo de acercarse con presencia.
  • Preguntar, escuchar y observar más allá de las palabras.
  • Elegir el aroma que gusta o calma a la persona, no el que “suena mejor” en teoría.
  • Registrar el antes/después (0–5) en inquietud, participación o calma para saber si realmente funciona.

Desde ahí, el sistema olfativo deja de ser un fondo perfumado y se convierte en un canal de intervención no farmacológica, alineado con la evidencia sobre olfato, memoria afectiva y deterioro cognitivo.

Si trabajas con personas mayores, especialmente con demencias, el paso no es “poner un difusor mejor”. El paso es cambiar de lógica:

  • De ambientar espacios a acompañar personas.
  • De aroma genérico a historia aromática individual.
  • De producto a proceso terapéutico medido y documentado.

La Aromateca Geriátrica Esencial y la metodología de aromatología geriátrica te ofrecen un marco concreto para hacerlo de forma segura, sencilla y evaluable.

Al final, no se trata de que todo huela “bien”, sino de que cada persona se sienta vista, calmada y acompañada… también a través de su olfato.

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