Estimulación olfativa natural en geriatría: uso seguro de aceites esenciales

Estimulación olfativa natural con aceites esenciales en geriatría: uso seguro y con intención terapéutica

En muchas residencias y centros de día, cada vez que alguien menciona aceites esenciales aparece la misma duda: “¿vamos a poner aromas para que huela bien?”. Detrás de esa frase hay un miedo comprensible: que se confunda la estimulación olfativa con “aromatizar” los espacios sin criterio, como si se tratara de un ambientador bonito.

El enfoque de aromatología geriátrica de Sentiressen va justo en la dirección contraria. Aquí no se trata de perfumar salas, sino de usar el olor como vía terapéutica no farmacológica, un estímulo concreto que se presenta a una persona concreta, con un objetivo clínico razonable y con límites de seguridad muy claros.

La pregunta de partida del terapeuta ocupacional suele ser siempre la misma: “¿Cómo puedo introducir aceites esenciales de forma segura y con intención terapéutica, sin que parezca que estoy aromatizando el centro?”

Este artículo responde a esa pregunta con un marco simple: qué significa usar el olor como mediador terapéutico, qué normas de seguridad no son negociables y cómo plantear una intervención breve que encaje en una jornada con alta carga asistencial.

No es “perfumar”: es usar el olor como mediador terapéutico

Cuando el objetivo es clínico, el punto de partida es diferente. En lugar de pensar “qué aroma quedaría bien en esta sala”, el terapeuta se pregunta qué puede aportar la vía olfativa en una situación concreta: acompañar una higiene complicada, suavizar una transición al comedor, facilitar la participación en una actividad o modular un estado de inquietud.

En el marco Sentiressen, el objetivo nunca es que el entorno “huela mejor”, sino utilizar el olor como estímulo terapéutico con sentido y coherencia, integrado en la práctica diaria de Terapia Ocupacional. Esto implica elegir el momento, la persona y el formato de presentación, y observar la respuesta igual que se haría con cualquier otra intervención no farmacológica.

La base de seguridad: olfacción pasiva, dosis mínima y retirada fácil

En geriatría, la seguridad manda. Por eso el formato de uso que se propone no es difundir aceites durante horas, sino trabajar con olfacción pasiva (inhalación seca) en un soporte de olfacción: un disco de algodón, una gasa, una tira olfativa o un pañuelo de papel doblado.

Sobre ese soporte se colocan solo una o dos gotas de aceite esencial. El soporte no toca la piel ni las mucosas, y se presenta a unos diez o quince centímetros del rostro, de modo que la persona puede percibir el olor sin sensación de invasión. La respiración es natural; no se pide a nadie que inhale fuerte ni se fuerza la exposición.

Trabajar así tiene varias ventajas: la dosis es baja, el estímulo es reversible (se puede retirar en un segundo) y resulta más sencillo observar la tolerancia real de la persona. Cuando aparecen molestias como cefalea, náusea, mareo, sensación de falta de aire o un rechazo claro, el protocolo es muy simple: se retira el soporte y se ventila si hace falta. No se insiste, porque la retirada ante molestia forma parte de las buenas prácticas de seguridad.

Preferencia olfativa: preguntar, escuchar y observar

Además del formato, importa mucho cómo se vive ese olor. En este contexto, la preferencia olfativa no es un detalle estético; es una pieza central del método. Antes de mantener una exposición un poco más larga, el terapeuta explica de forma sencilla lo que va a hacer: acercar un olor durante unos segundos para que la persona pueda decir si le resulta agradable, neutro o molesto.

Si la persona se comunica con facilidad, basta con un breve contacto del soporte a diez o quince centímetros del rostro y una pregunta directa: si le gusta, si le molesta o si prefiere que se retire. Cuando la comunicación verbal está limitada, la información llega a través del cuerpo: acercarse ligeramente hacia el soporte, relajar la expresión o la respiración, o por el contrario apartar la cabeza, fruncir el ceño, empujar la mano del terapeuta.

En este enfoque, la preferencia tiene un peso clínico real. Si hay rechazo, no se interpreta como “capricho”, sino como un dato que indica que ese aroma, en ese momento, no es adecuado. Aceptar ese “no” y retirar el estímulo protege la relación terapéutica y la seguridad de la intervención.

Además, solo es el principio de ese puente, de la conexión de activar el olfato este sentido olvidado.

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